
El Prado: El barrio que soñó un Gringo
¿Cómo un gringo de Iowa terminó definiendo la identidad urbana de Barranquilla? La historia del barrio Prado, el sueño más ambicioso que tuvo nuestra ciudad y el pais entero.
En 1920, un ingeniero de Iowa llamado Karl Calvin Parrish hizo algo que ningún latinoamericano había intentado antes: planificar una ciudad desde cero, empezando por los árboles.
Parrish llegó a Colombia en 1904 buscando minerales, pero terminó enamorándose de Barranquilla. Vio en ella lo que nadie más veía: la futura metrópoli del continente. Así que compró una finca de 130 hectáreas en la periferia de la ciudad —llamada Prado— y contrató al paisajista Ray Floyd Wyrick para recorrer Nueva York, La Habana, Kingston y Ciudad de Panamá en busca de inspiración.
Lo que nació de ese viaje fue revolucionario: amplias avenidas orientadas según los vientos alisios, jardines frondosos, antejardines obligatorios y lotes con calles asfaltadas y servicios instalados antes de vender una sola casa. Primero la ciudad, luego los edificios. Un modelo que no existía en América Latina.
Las mansiones que se levantaron mezclaron art déco, neoclásico francés, mudéjar y estilos ingleses, creando uno de los conjuntos arquitectónicos más ricos del país. En 2005, el barrio Prado fue declarado bien de interés cultural.
Hoy, cien años después de su primera piedra, muchas de esas casonas están abandonadas o demolidas. Los antejardines cedieron ante los carros, los árboles fueron talados, los patios interiores desaparecieron. Lo que sobrevive es suficiente para entender la magnitud de lo que fue.
El sueño de Parrish no se cumplió del todo. Pero su urbanización sí definió para siempre lo que Barranquilla podría haber sido —y lo que aún vale la pena preservar.
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